Implantes de Drenaje de la Cámara Anterior del Ojo a
un Reservorio Posterior:
Servicio de Glaucoma y Fundación para la Prevención
de la Ceguera
Por Richard P. Wilson
Traducción: Dra. Andrea Cruzat, MD
Revisión Técnica: Dr. João F. Lopes, MD
El glaucoma es una enfermedad en la que se ha obstruido el mecanismo
de drenaje del ojo. Dado que normalmente el ojo está produciendo
en forma constante un líquido llamado humor acuoso, este
líquido no tiene adonde dirigirse y retrocede. Esto provoca
un aumento de la presión intraocular, dañando el
nervio óptico. La cirugía más simple y segura
para disminuir la presión intraocular es la trabeculectomía,
un procedimiento que consiste en hacer un flap, es decir una apertura
como válvula en la parte superior del ojo. Esto permite
al humor acuoso filtrar bajo este flap y ser absorbido bajo la
conjuntiva, la capa transparente sobre la esclera, y hacia el
torrente sanguíneo. Este procedimiento tiene pocas posibilidades
de éxito si hay inflamación, cicatrización
excesiva por cirugías previas, o se cree que habrá
una curación anormal. En estos casos, el paso siguiente
es un implante de drenaje, un pequeño tubo plástico
que va desde la cámara anterior del ojo hasta un reservorio
que es colocado hacia la parte posterior del ojo. El reservorio
es una placa que impide que la capa superficial del ojo se adhiera
a la pared del ojo e impida el drenaje. El humor acuoso es drenado
a través del tubo hacia la parte superior de estas placas
y después es absorbido por los vasos linfáticos
y sanguíneos alrededor del ojo.
El procedimiento quirúrgico es mucho más largo
que la trabeculectomía. Generalmente tiene una duración
de 45 minutos a una hora y media o más si hay que remover
la jalea vítrea que está adentro de la cámara
posterior del ojo o se encuentra una cicatrización excesiva
por cirugías anteriores. Uno de los aspectos agradables
de esta cirugía es que la gran mayoría del procedimiento
es realizado fuera del ojo. La única parte del procedimiento
que se hace adentro del ojo es una pequeña incisión
con una aguja para insertar el tubo. Luego de insertar el tubo
por esta incisión, se cose un pequeño trozo de esclera
(la pared blanca del ojo) o fascia (el material resistente que
mantiene los músculos unidos) sobre la entrada del tubo
en el ojo. Esto da mayor seguridad al procedimiento.
Las complicaciones más importantes con implantes de drenaje
son causadas por la repentina baja de la presión intraocular
en los ojos que están acostumbrados a una presión
alta. Antes de la cirugía había muy poco espacio
para que el líquido drenara del ojo. Por lo tanto, el ojo
producía una menor cantidad de fluido y mantenía
una presión alta en el ojo. Súbitamente, se hace
un nuevo drenaje con el propósito de producir una filtración
de líquido normal o mayor que lo normal. A muchos ojos,
especialmente a los con glaucoma severo y otras enfermedades o
a los que han tenido inhibida la producción de líquido
por el uso de medicamentos durante años, les es difícil
revertir este proceso y volver a producir más fluido. Esto
provoca un lapso en el cual los ojos dejan de producir fluido
y permite la acumulación de fluido entre las capas del
ojo. En la mayoría de los casos, esto se resuelve espontáneamente,
y el ojo vuelve a producir una cantidad de fluido normal. Sin
embargo, en algunos casos, se deberá drenar el líquido
acumulado entre las capas del ojo y rellenar el ojo en su interior
para que la presión vuelva a lo normal. A menudo la abertura
del implante causa, casi inmediatamente, la producción
normal de fluido. Con el fin de prevenir los problemas asociados
con la repentina baja de presión, se puede ligar el tubo
con una sutura reabsorbible para detener el flujo. Los cortes
al lado del tubo entre la cámara anterior del ojo y la
sutura que lo mantiene atado, permite mantener la presión
intraocular controlada en el postoperatorio durante más
o menos una semana. Luego, el cuerpo cicatriza alrededor de los
cortes, sellándolos y se debe usar medicamentos para controlar
la presión hasta que la sutura se reabsorba o sea removida
y el implante de drenaje empiece a funcionar adecuadamente.
Después de la cicatrización, el tubo no se puede
ver sin un microscopio. Las placas están ubicadas bien
atrás y sólo pueden verse si se bajan los ojos totalmente
y se levanta bastante el párpado. De lo contrario, el reservorio
también es invisible bajo el párpado. Dado que el
procedimiento en la parte externa del ojo es bastante largo, hay
un pequeño a moderado malestar durante el primer período
del post operatorio, pero rápidamente disminuye.
Posibles complicaciones incluyen el contacto del tubo con la
córnea. Si esto sucede en un área pequeña,
sólo se produce daño localizado y no es necesaria
ninguna acción adicional. Si hay contacto entre gran parte
del tubo y la córnea, entonces habría que reposicionarlo.
El tubo también puede entrar en contacto con el cristalino.
Esto puede producir pequeñas cataratas localizadas. No
hemos observado cataratas generalizadas que hayan tenido que ser
operadas por procedimientos de implantes de drenaje.
En contadas ocasiones ocurre que el tubo erosiona la conjuntiva,
la capa transparente superior que cubre el ojo. Esto requiere
reparación quirúrgica. Puede haber infecciones y
sangrado, pero hasta ahora no han constituido un problema en nuestras
series.
Si no hay alguna barrera que detenga el flujo de la jalea vítrea,
situada en la parte posterior del ojo, hacia adelante y queda
atrapada en el tubo que drena el fluido a los reservorios, entonces
deberá ser removida. Esto se hace con una pequeña
aguja que corta y luego succiona la jalea reemplazándola
con líquido. Al remover la jalea vítrea aumenta
el riesgo de sangrado entre las capas del ojo, o un desgarro en
la retina si la jalea la tracciona provocando, posiblemente, un
desprendimiento de retina. Este procedimiento a menudo presenta
complicaciones más serias que el procedimiento del implante
de drenaje por sí mismo.
Los implantes de drenaje habitualmente son muy exitosos, considerando
el estado desesperado de los ojos que van a ser operados. En aproximadamente
un 15% de los procedimientos se ha tenido que revisar si la cicatrización
alrededor del reservorio posterior es demasiado gruesa para permitir
el paso del humor acuoso. Este es un procedimiento relativamente
sencillo y no se parece en nada al procedimiento original. Se
efectúa una pequeña incisión sobre la placa
y se remueve el tejido cicatricial. Luego se sutura la incisión.
Si se realiza este procedimiento, la tasa de éxito de los
implantes de drenaje es de al menos 75% en glaucomas difíciles
y mucho más alto aún en glaucomas más simples.
En resumen, las posibles complicaciones de este procedimiento
incluyen, pero no se limitan a:
1. pérdida de visión
2. la necesidad de hacer otra cirugía: a) para estimular
el flujo del fluido al ojo, b ) para extraer la jalea o el cristalino
del ojo para favorecer una circulación normal del líquido
dentro del ojo, c) sacar el tubo de silicona si la presión
intraocular permanece muy baja o si el tubo erosiona la superficie
ocular, causando problemas
3. En un paciente hubo malestar y dolor persistente, pero no
necesitó la extracción del implante.
4. deformidad ocular o cambio en la apariencia causada por la
cirugía
5. hemorragia o deterioro tan grave que pudieran requerir la
extracción del ojo
Como mencionamos anteriormente, las complicaciones menores, tales
como presión baja por un corto período de tiempo
después de la cirugía, han sido comunes en este
procedimiento, pero las complicaciones más severas han
sido escasas. Estas complicaciones hay que mirarlas a la luz de
las alternativas. La única otra alternativa viable es un
procedimiento destructivo cuyo objetivo es destruir la parte del
ojo que produce el fluido. Esta destrucción del cuerpo
ciliar disminuye la cantidad de producción de humor acuoso
del ojo, con la esperanza de igualar la cantidad de fluido que
sale del ojo. Posteriormente, la presión intraocular podría
ser controlada con medicamentos. Como es de esperar en estos procedimientos
destructivos, en el postoperatorio precoz hay una inflamación
considerable y disminución de la visión con mayor
riesgo de quedar con menor visión en forma permanente.
También existe la posibilidad de que el ojo no produzca
suficiente líquido, y que se desinfle como un globo que
no tiene aire en su interior. Aún cuando esto no es doloroso,
la visión disminuye y el párpado se cae. Por supuesto
que la última alternativa es no hacer nada. Esto conlleva,
generalmente, a una pérdida paulatina o, a veces, más
rápida de la visión y, en algunos casos, tanto dolor
que sea necesario extraer el ojo.
Al entender las alternativas, situamos a la cirugía de
implantes de drenaje como la cirugía de elección.
Es una cirugía difícil, propensa a presentar complicaciones
menores y con la posibilidad de complicaciones mayores. En muchos
casos de glaucomas complicados, es la alternativa más segura
y la que tiene más posibilidades de controlar el glaucoma
y mantener la visión.
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